¿Aún guardas las fotografías en blanco y negro que te legaron tus abuelos?

En el pueblo llanisco de Porrúa existe un lugar donde podrás descubrir y ver a todo color los objetos que conformaron aquellas estampas del pasado no tan lejano. Hablamos de los siglos XVIII y XIX. Nos dirigimos al barrio del Llacín en el pueblo de Porrúa, a tan solo 5km de la villa de Llanes. Allí, gracias a las donaciones desinteresadas y a la colaboración entusiasta de los vecinos, se abrió en el año 2000 este bonito museo etnográfico.

Al acercarnos, sus propios edificios se alzan tradicionales y centenarios. Junto a ellos, el enorme aguacate traído de México en 1906 nos cuenta historias de los indianos de la Asturias rural que se fueron a hacer las Américas.
El Museo Etnográfico del Oriente de Asturias nos invita a viajar al pasado de la Asturias rural. Pero, ¿qué es un museo etnográfico? Más abajo encontrarás la respuesta.
Seguro que has oído multitud de veces esta palabra, pero pocos saben que la etnografía nació como :
«el trabajo de campo de antropólogos para estudiar la cultura de una tribu»
Y sí, es posible estudiar las costumbres y formas de vida de nuestra propia tribu. Estas van cambiando con el tiempo, y ya no somos los mismos que hace tres o cuatro generaciones. Un museo etnográfico recoge las formas de vida y la cultura de un pueblo, que se materializan en los artefactos físicos expuestos ante nosotros.
Nos adentramos en las salas del museo, para dirigir la mirada a las actividades de la vida diaria de nuestros abuelos y abuelas y sus antecesores.

Pasamos directamente a la cocina. Aquí, el “llar” tradicional asturiano convive con los cacharros de hierro esmaltado en blanco que trajo la industrialización. Esta vajilla, tan evocadora, fue la “porcelana” de las campesinas asturianas. De sus manos expertas salieron, y aún salen, manteca y queso prensado. El Oriente de Asturias es una zona quesera excepcional. De las elaboraciones tradicionales heredamos hoy quesos mundialmente famosos como el queso Cabrales y otros muchos como el Gamonéu, los Beyos o Vidiago.
Tejas y ladrillo se hacían también a mano, y Llanes fue una renombrada zona tejera. Cientos de llaniscos salían cada verano a trabajar en duras condiciones a las tejeras de Castilla y País Vasco. ¿Sabías que los tejeros inventaron su propio idioma para comunicarse en secreto entre ellos?

La ropa se confeccionaba en casa. Hilando la lana, o el lino para las ocasiones especiales, se conseguían ovillos para tejer camisas, faldas, pantalones o sábanas. Te sorprenderá saber que el mejor blanqueante de ropa es la ceniza, y que de la corteza de las cebollas, de la savia de los castaños o de la raíz del lirio se obtenían los colores para teñir las prendas.

En el Museo Etnográfico en Porrúa te explicarán de qué sustancia procede cada pigmento para la ropa. Además, descubrirás los trajes de llanisca y porruanu, joyas protegidas de la cultura tradicional.

No podían faltar los aperos de labranza, la cuadra y demás dependencias de la casería campesina, culminando nuestra visita en un llagar tradicional, construido enteramente en madera. La sidra, y el mundo que la rodea, ha pervivido hasta nuestros días y es el alma de la gastronomía asturiana.

Aunque vestidas de traje moderno, hay tradiciones que nunca mueren. Si te ha gustado nuestro recorrido, descubre otros rincones asturianos donde seguir viajando en el tiempo.


